Son las cuatro y cuarenta de la mañana,
y despierto estremecido
entre los corrales de los cerdos.
Estoy caído bajo el mapa,
donde un tala profundo se asoma
entre el excremento en polvo
y la forma del no viento.
Los cerdos se han ido hace mucho tiempo,
y en cambio,
queda la manera en que los palos están gastados
Todo ha sido robado
hasta la continuación de las pesadillas
Solo queda un demonio
con cara de rata
orándome en la frente,
por las dudas Dios exista.
Todo lo demás se la pasó jugando,
creyendo en la salud infinita de las plantas.
Despierto de súbito
Las cosas no tienen donde estar.
La luz no regresa de repente a los ojos.
Ni amanece,
porque todavía
se considera noche
y tal vez sea eterna.
— Sergio Alejandro Cortéz
Poeta – Villa Dolores, Capital de la Poesía
SIERRAS DE CÓRDOBA
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